lunes, 12 de abril de 2010

Already over me (Rolling Stones)

Fue hace ya como cuatro meses pero el todavía lo recuerda muy bien, casi como si hubiera sido el día antes de ayer, fue el día que la beso por primera vez, el día que la eterna duda de cómo serian sus besos, el preguntarse como seria el dulce de sus labios llegaron a su conclusión.
Una tarde de verano por mediados de diciembre estaban los dos sentados en el pasto, rodeado de árboles, viento, tranquilidad y silencio, un lugar del que el le había hablado varias veces y quería hacerle conocer. Sentados ahí en el pasto hablaron por horas, hablaron de sus vidas, sus historias pasadas, conclusiones existenciales y como llegaron a ser las personas que eran hoy en día, decidieron mostrase tal cual eran frente a un nuevo personaje en la historia de sus vidas. Ella hablaba y el la escuchaba con atención pero no podía evitar dejarse cautivar por su mirada, esos ojos verdes grisáceos que muy dentro de el sabia que serian su perdición. No podía dejar de imaginar como seria simplemente el dejar de hablar, tomarla de la cara y besarla, fantaseaba e ideaba con eso mientras la conversación seguía con un curso natural.
Al cabo de un rato se acuestan en el pasto, usando sus mochilas como almohadas se acomodan uno al lado del otro mientras fuman sus cigarrillos y siguen intercambiando gustos, opiniones y anécdotas, el gira su cabeza y queda perfilado a la de ella, la contempla, admira, cree que es una persona fuera de este mundo, la mujer mas real que haya llegado a conocer y que no tiene miedo de demostrarlo, que al igual que es, se muestra con simpleza y honestidad, dando a relucir sus virtudes como también sus defectos y vergüenzas, las cosas que conforman esa personalidad tan única e imposible de describir en textos.
Ella da un giro y queda en la misma posición que el, mirándose los dos plenamente a los ojos, son incalculables los pensamientos tan fugases que pasan por su cabeza, calcula tiempo de reacción, posibles desenlaces y finales alternativos, realmente la tiene ahí a centímetros de el, clavada su mirada en la suya, perdido en la inmensidad de esos ojos descubre que no queda nada por hacer salvo callar su cerebro, inclinar los centímetros restantes y besarla, realmente besarla bajo esa brisa de verano, esa mística que tienen los días de diciembre.
Para rara ocasión de la vida, las cosas salen justo como el quiere, inclina su cabeza esos centímetros restantes con mucha lentitud intentando estudiar sus movimientos, ella queda inmóvil con la mirada fija en el, el se acerca y finalmente la besa, un beso que aun perdura hoy en su memoria, un beso perfecto bajo esos árboles, ese pasto y esa mágica brisa de verano…